
Lo que es la vida. Lo que son los sueños. Lo que es, en el fondo, una servidora...
Esta noche he soñado que me casaba. Sí, sí. Como lo leéis, que me casaba! Y chica, sin sofocos, sin aspavientos y sin malas caras. Por propia voluntad. Oye, feliz de la vida!
La parte de mi subconsciente que estaba consciente me decía: nena, que ésta no eres tú! Pero mi otro yo estaba encantada de la vida... Lo que son las cosas!
En fin, ahí estábais todos, porque era una ceremonia muy íntima y sólo estaban invitados los de casa. Y yo no iba vestida de princesita. Menos mal! Ya sólo me hubiese faltado parecer un merengue gigante!!!!!! Iba yo monísima con un vestidito corto, blanco y bordado en plata, que vi una vez en Loewe. Glamour como para una boda, oiga!
Del novio no os puedo decir nada de nada, que no llegué a verle la cara. Claro, yo estaba la mar de ocupada departiendo con unos y con otros y no tenía tiempo para pequeñeces.
A veces se sueñan cosas muy raras. La verdad es que yo nunca he tomado en mucha consideración esto del matrimonio. Será por mi gen de la soltería. Porque, como ya sabéis todos los que me conocéis, provengo de una larga estirpe de solterones en la que de cada generación sólo se casa uno. En mi generación sólo estamos mi hermano y yo. Y cada noche rezo para que sea mi hermano el que perpetúe la especie... aunque la cosa está chunga nenes!
Ahora veo lejanísimas las veces que me han propuesto matrimonio o han empezado a insinuarlo. A los veintitantos eso debía hacerse con una facilidad pasmosa... angelicos! Desde que he cumplido los 30 nadie me ha vuelto a pedir nada semejante. ¿Habré perdido el sex appeal?
Nos hacemos mayores y dejamos de pensar en cuentos de hadas? O es que, al hacernos mayores, leemos las estadísticas de divorcios?
Al margen de rollos de bodas que no me van nada de nada, he de reconocer que, a pesar de mi, sí echaba de menos eso de tener chico. Tener esa conexión especial con alguien. Esa intimidad que se crea en una relación. Ese sentirte a salvo de todo y de todos cuando estás con él... aunque no haya nada más lejos de la realidad. Hacía años que no me lo permitía.
La vida es muy rara a veces. Te pone delante aquello de lo que huyes justo cuando menos lo necesitas... Perra vida esta, que le da dientes a quien no tiene pan y pan al que está de régimen perpetuo bajo en carbohidratos.
A ver si al final voy a ser como todas esas mujeres desesperadas por echarse novio! Nonononono!
Mañana sin falta empiezo a quemar puentes. Que una será lo que sea, pero no tiene ganas de sufrir!